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Algún día será primavera

Algún día sera primavera

Por: El Hacedor

Para Luisa los lugares tienen vida. Oye voces a lo lejos. Cómo le gustaría una palabra cercana. Ahora tiene la sensación de caerse como cae la noche. La lluvia se posa sobre los árboles y ella siente que sus hojas son felices. Está obligada a subirse al bus; logra sentarse e intenta escribirle a su mamá. Una ambulancia viene en sentido contrario, su ruido es un grito que oye media ciudad. Por estos días solo le brotan palabras difíciles; entonces saca su libro y trata de internarse en unas cuantas páginas. Sus manos extrañan las tardes de sábado cuando tocaba guitarra con sus amigos. Mira sus dedos, tiene la piel reseca. Contempla su rostro en el vidrio de la ventana; las gotas de agua le traen esperanza. Ya va llegando a casa. Mientras camina, alguien la mira con un profundo odio, más adelante, alguien lo hace con un amor respetuoso.

Entra a su apartamento, y como si fuera un acto religioso se despoja de sus ropas que pone en una cesta. Abre la ducha y recuerda la lluvia sobre los árboles. Entonces llora como en sus años de adolescencia. Ahora su cuerpo está tranquilo. Quiere tomar algo, hay cervezas en la nevera. Permanece sentada unos minutos mientras juega a tapar y destapar la botella. La cocina está medianamente ordenada. Hay monedas sobre la mesa, no parecieran importantes, pero para algunos serán fundamentales.

Sentada en la cama escribe algunas líneas en su diario. Se cuenta a sí misma sus lágrimas y la tragedia que vive en la clínica, y luego frases sueltas como estas: “Hoy pienso en mil cosas. Me acostumbré a recostar la cabeza en el vidrio. Casi todos tenemos la razón. Creo que la pared es bonita. La sirena se repite por las noches. Lloro. Inteligencia emocional y enemistades perdidas. Me está costando leer en el bus. A lo lejos veo la montaña. Odio la televisión. Extraño unas copas de vino. Lo bueno es que el planeta descansa. Sigo soñando. A veces el tapabocas se me cae al piso, y es porque las leyes de la física son elementales. Estoy tomando poca agua. Veo trapos rojos en algunos edificios. He vuelto a ver Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Todavía sigo pidiendo perdón por llegar tarde. No me gusta  enviar stickers. Debo comprar tomates, café y arroz. Qué preciosas son las estrellas en la noche. No me queda de otra que ayudar, es mi natural inclinación al bien. Sería triste morir y no recibir flores. A veces dejo los platos sobre el comedor. He visto algunas imágenes del planeta en su día. Creo que es provechoso irse soportando. También me encanta Zootopia. Cómo me gustaría que un ave se posara en mi balcón.  Extraño mis viejos amigos. La ventana y la calle están como yo, desiertas. Nadie sabe lo que ocurre. Me gusta juntar mis lágrimas con la música”. El cuerpo no le da más.

Ya es hora de levantarse, hoy es día de doble turno. El sol no quiere salir y siento que se contradice, dice ella. Se desnuda de su pijama para ir a la ducha. Mientras se baña recorre o mejor revuelve en su cabeza algunas ideas. Ya no tiene certeza si vale la pena desvivirse tanto. Se siente feliz porque los animales estén a sus anchas pero triste porque las bibliotecas están vacías. No olvida que se ha prometido darle la vuelta al mundo. Ahora, mientras se viste, siente el corazón quebrantable. Todos somos almas débilmente sublimes, se dice.  Ya sale a la calle y recibe el frío de la ciudad. Hay alguien durmiendo en la acera. Luisa va vestida de blanco, todo continúa real… Algún día será primavera.

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