Publicado el 1 comentario

Voces

Voces

Por: Cassius

Las voces en su cabeza no cesaban. Ya no recordaba el día que había llegado a ese sitio blancuzco y helado. El segundero del reloj de pared sonaba en cada

movimiento y él no podía diferenciar cuánto tiempo había pasado ¿Un día? ¿Una hora? ¿Un año? Otra vez las voces. Esas voces perpetuas e incomprensibles.

Intentaba, pero no podía recordar el día en que su locura comenzó a nacer, cuándo había dejado su vida para sumergirse en ese mundo delirante en el que se encontraba. El sudor recorría su cuerpo, las sábanas blancas que lo cubrían estaban húmedas y con un hedor insoportable. La fiebre en su cuerpo aumentaba. Había perdido la noción de su propia existencia hace días y sin embargo ahí seguían las voces. Intentó apretarse el cráneo con sus dedos largos, penetrar sus propios huesos para alcanzar esas voces desesperantes e ininteligibles y deshacerse de ellas para regresar al punto exacto en el que el mundo había perdido su rumbo, en el que la realidad se había abstraído para reducirse simplemente a esas voces insoportables de su cabeza. Sus dedos fueron lentos. No pudo penetrar su cráneo. No supo en qué momento sus manos fueron atadas a la cama en la que se encontraba. La percepción del tiempo se había esfumado, sus recuerdos parecían perdidos, todo a su alrededor se volvía tan brillante que cegaba su vista y

luego desaparecía. Todo se iba, todo, menos las voces en su cabeza. Intentó pedir ayuda para que alguien se apiadara de su mente atormentada y pudiera ponerle fin a su espantoso sufrimiento, pero al ver la inutilidad de sus palabras solo deseó la muerte. Una muerte rápida y tranquila, una muerte que acabara con ese martirio que parecía eterno. Intentó mover sus labios para gritar. No pudo. Lo intentó una y otra y otra vez. Nadie respondió. Vencido quiso descansar, suspiró y su cuerpo se aplacó repentinamente. Las voces en su cabeza mermaron un momento. Por fin

pudo escuchar lo que decían las personas a su alrededor. El virus había atacado su cabeza.

«Ese maldito virus», pensó y un recuerdo iluminó su mente vencida. Respiró.

Escuchó las voces en su mente atentamente y en medio de ese estrepitoso

murmullo que galopaba en su cabeza pudo reconocer una voz. Una voz dulce y

tierna. ¿Qué decía? No podía distinguir sus palabras. Desesperó nuevamente. Las voces lo volvieron atacar de forma incesante. Volvieron a llenar cada rincón de su disminuida conciencia y quiso volver a taladrar su propia cabeza. Sintió cómo su propio calor le quemaba todo el cuerpo nuevamente. La fiebre aumentaba. Intentó abrir los ojos, pero la luz blanca de la habitación los encandiló. Quiso mover su brazo izquierdo y descubrió que ya no estaba atado. ¿Cuánto tiempo había pasado?

¿Un mes? ¿Un día? ¿Un año?. Otra vez las voces. Apretó fuertemente su cabeza con sus manos, intentando romper sus huesos para alcanzar esas voces desesperantes. Sintió una fuerza incomprensible sobre sus brazos, como si alguien intentara detenerlo y cayó rendido. Respiró profundamente. Sin esperanza, su

mente quiso ocuparse en aquella voz dulce y tierna. Sin duda era la última voz que había escuchado antes de ahogarse en su locura. Se concentró únicamente en aquel sonido, el único que le brindaba tranquilidad. Suspiró fuertemente y sintió por primera vez que el aire le faltaba. Se llenó de tristeza. Una tristeza profunda y una compasión desbordada, no por él, sino por la dueña de esa voz arrulladora. Sintió un cosquilleo en su rostro. Una lágrima resbalaba sobre su mejilla. Supo que nunca más volvería escuchar esa voz y que aquella mujer estaría preocupada. Ella desconocía que nunca más volverían a verse. Pudo imaginarse cómo la próxima vez que se sintieran cerca sería cuando ella recibiera sus cenizas en una pequeña urna de madera. Quiso despedirse y otra lágrima resbaló por su mejilla. Abrió sus

labios y antes de dejarse caer ante la la tragedia inminente recobró sus recuerdos e imaginó su rostro. Lo vio bello y tranquilo. Tomó aire y con el último suspiro pronunció su nombre. Las voces en su cabeza habían desaparecido para siempre.

1 comentario en “Voces

  1. Desgarrador relato que nos muestra la angustia de los que se han ido por esta pandemia lejos de sus seres queridos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.